La unidad de Los Verdes

Publié le par Manolo Barrero


N
o le falta razón al director del periódico progresista francés Libération, cuando califica a Los Verdes de “campeones mundiales de la división”. La familia verde francesa se ha pasado la mitad de su existencia enzarzada en una lucha fraticida sin cuartel y ha acabado recogiendo lo que había sembrado. En las pasadas elecciones presidenciales la candidata verde apenas obtuvo el 1,5% de los votos de sus compatriotas.
En nuestro país el panorama electoral – porcentualmente hablando - es sensiblemente el mismo, pero política y orgánicamente muchísimo peor. Nuestra representación institucional es prácticamente testimonial y organizativamente somos un autentico reino de taifas. La argamasa formada por localismos pequeño burgués, generales sin ejército y ansias de poder de algunos, han convertido a Los Verdes en una formación fragmentada y sin credibilidad ante el electorado. Una formación incapaz de definir su propio espacio y en la mayoría de los casos, con la única aspiración de ser simple complemento de otras formaciones políticas. Léase PSOE, IU o Iniciativa por Cataluña.
En Francia, acosados por unas elecciones europeas y unas encuestas nada favorables, Los Verdes parecen haber tomado conciencia de que de seguir así, su supervivencia sería poco menos que un milagro. De ahí que finalmente se hayan aceptado las tesis del histórico líder del mayo del 68 y actual presidente del Grupo Verde en el Parlamento Europeo, Dany Conh-Bendit. Es decir, la unión de la galaxia ecologista”. Superando de este modo los sectarismos históricos y singulares que han caracterizado a los ecologistas desde su irrupción en la escena política. Al fin se ha entendido – aunque aún queden recalcitrantes activos – que por ejemplo, la ecología política no es tan incompatible como algunos creían con el altermundialismo. Aun cuando hayamos estado enfrentados virulentamente en  temas tan importantes como el proyecto de Constitución Europea.
Sin embargo, ambos coincidimos en que “la ecología es incompatible con el modelo liberal-productivista actual”. Que es lo mismo que estar en desacuerdo con la derecha y con la izquierda tradicional. Porque en el fondo y salvo pequeños matices, en esos dos modelos hay una gran carga de liberalismo. Que nadie se engañe, también existe un liberalismo de izquierdas.
Los Verdes españoles – y el tiempo apremia – antes de llegar a esa fase en la que están nuestros compañeros franceses, tenemos por delante el reto de la UNIDAD. Y mientras no seamos capaces de superarlo todo lo demás será una simple quimera.
Nadie medianamente sensato puede creerse que una oferta ecologista tiene la menor posibilidad de cristalizar, si previamente no somos capaces de poner orden en nuestra propia casa. Si nadie lo remedia y sigue prevaleciendo la insensatez, es más que probable que en junio de 2009 los electores se vuelvan a encontrar en la difícil tesitura de tener que elegir entre varias opciones ecologistas. Más que ecologistas,  diría personales. Y en esas circunstancias el fracaso está asegurado. No sólo en esas elecciones europeas de capital importancia para Los Verdes, sino en venideras confrontaciones electorales. Porque por muy atractivo y genuino que sea nuestro proyecto de futuro, si no disponemos de espacio político e institucional para materializarlo, la constancia militante tiene un límite que sólo un puñado de incondicionales muy convencidos será capaz de sobrepasar.
El reforzamiento de la ecología política en Europa es imparable, pero tenemos que elegir entre ser los protagonistas y principales impulsores o ser simples comparsas de ese neoliberalismo de derechas y de izquierdas, que está logrando banalizar la ecología a base de cosmética y discursos cada vez más elaborados, pero cuyas políticas siguen poniendo en peligro la ya maltrecha salud de nuestro planeta.

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