Decrecimiento solidario (III)

Publié le par Manolo Barrero

Además de los ejemplos ya citados existen otros muchos. ¿Por qué no se apuesta decididamente por el ferrocarril como medio de transporte para usuarios y mercancías? ¿Por qué no se incentiva el desarrollo de las energías renovables? ¿Por qué la PAC sigue haciendo una política que prima el abandono progresivo de las pequeñas explotaciones agrícolas? Acentuando así el éxodo de la población rural hacia los centros urbanos. Y si abordamos el tema de la pesca la situación es igual de dramática. No sólo para los pequeños armadores, sino también para nuestras reservas pesqueras. Si en todos estos y otros muchos sectores no se produce un cambio radical de orientación, impulsado por los poderes públicos, a finales de este siglo la situación del planeta y de la especie humana será desesperada, como bien apuntan todos los expertos.

Todos estos cambios no sólo tienen que darse en los países ricos, también tienen que darse en los países más pobres. Muchos de los cuales ya están en situación de pobreza casi extrema. No sólo por la crisis económica,  debido también a la crisis ecológica.

¿Son posibles todos estos cambios tan necesarios como indispensables?  Desde nuestra perspectiva afirmamos rotundamente que sí.  Una reconversión de esta naturaleza vendría a suponer del orden de un 2% del PIB mundial según el informe Stern. Una cifra sin duda muy elevada, pero sólo equivalente a la sexta parte del gasto militar mundial. Es por consiguiente cuestión de elección. Seguir priorizando la escalada armamentista o privilegiar la educación, la sanidad y el bien estar de los ciudadanos del planeta. Naturalmente, los gobiernos neoliberales de los países ricos agrupados en el G8 no lo entienden de esa manera. En cambio actúan raudos y veloces para socorrer a banqueros sin escrúpulos y especuladores de todo tipo, que han puesto en quiebra el sistema financiero. Con el único propósito claro está, de seguir perpetuando un sistema injusto e insolidario, que no tiene más objetivos que la producción desenfrenada y el consumismo a ultranza. Incluso a costa de fragilizar cada día un poco más nuestro ya mal trecho planeta y las condiciones de vida de quienes lo habitan.

Aunque esos gobernantes que se llenan la boca con el crecimiento desdeñen nuestras propuestas, a los ecologistas nos corresponde asumir nuestra responsabilidad formulándolas. Existen soluciones, las conocemos y ellos también, nosotros las proponemos y ellos tendrán que explicarnos porque las rechazan. Ese es el desafío que tenemos por delante. Un verdadero desafío político que sea capaz de demostrar que otro mundo es posible poniendo en práctica un modelo de decrecimiento solidario. Cuyos resultados serán una sociedad  mucho más humana. Es decir, menos desigual y a la vez mucho más segura.  Pero para que ese modelo acabe imponiéndose y nuestras propuestas se abran camino, es evidente que se requiere en primer término, la suma de esfuerzos y voluntades de todos los ecologistas. Y en segundo término, ampliar el marco de colaboración con todos los movimientos políticos y sociales en franca oposición al actual modelo liberal-productivista. Sin que ello signifique reeditar nefastas experiencias del pasado, ni desempolvar las recetas de esa vieja izquierda anquilosada que en los últimos 30 años nada ha sido capaz de ofrecer para evitar lo que hoy tenemos.

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