Gracias a su herencia y sus valores una
cierta izquierda debería nuevamente encarnar la modernidad, pero no será ni la izquierda de Zapatero ni la de Cayo Lara. El reciente viaje de Zapatero a Dos Hermanas en un avión militar para
asistir a un acto electoral de su partido, confirma una vez más que esta izquierda caviar tiene una política para andar por casa y otra por la calle. Descamisados y próximos en los actos
electorales y esnobs y distantes en las practicas y los modos de vida. Porque en el fondo, a una cierta izquierda siempre le ha encantado emular a los señoritos. Lo que en modo alguno le impide
pontificar con rotundidad y soltura sobre la igualdad social. Esa izquierda en crisis, fagocitada por su propia praxis es la que los dirigentes socialdemócratas quieren reinventar. Y quieren
hacerlo justo ahora en vísperas de unas elecciones europeas que de antemano ya se sabe que ganará la derecha.
En su reciente reunión de Atenas todos estos dirigentes nos dicen que han hallado la piedra filosofal. Impulsar un pacto por el empleo. Aumentar la democracia participativa. Reformar los mercados financieros. Reforzar la protección social. Impulsar la llamada ECONOMÍA VERDE. En boca de algunos de estos profetas esto suena a tomadura de pelo. Que Felipe González diserte sobre democracia participativa o economía verde huele a oportunismo que atufa. Él y sus palmeros que se han mofado hasta más no poder de Mendiluce y sus propuestas sobre la “tercera izquierda”. Aún recuerdo al progre de Sabina pidiendo a voces que Mendiluce se retirara de la carrera a la Alcaldía de Madrid para no joder a la izquierda. Ese mismo Sabina que en privado cena con el príncipe heredero. Eso es la izquierda caviar. Y esa, amigos míos, no tiene futuro.