Jaqui Smith, ministra del interior
del Gobierno que todavía preside Gordon Brown, abandona cabizbaja Downing Street para no seguir hundiendo aún más al Labour Party. Demasiado tarde. Para los laboristas la debacle electoral está
más que cantada. Tanto en las europeas como en las municipales. Jaqui se va porque no ha podido soportar la humillación de tener que devolver al erario público el importe de las dos películas
porno que su marido había alquilado con cargo al presupuesto de su graciosa majestad. Gordon Brown ya había tenido que desprenderse de su desaprensivo secretario personal Tom Watson, que utilizó
80 mil euros públicos para la compra de su piso londinense. Y como estos dos hay un montón y de todos los partidos. Algunos parece ser que ya no pueden salir a la calle por temor al abucheo
ciudadano.
Sin embargo, ahí tienen a Camps y sus trajes a medida de lana de cachemira. Vitoreado, jaleado y aplaudido hasta por el propio Rajoy. Quien según sus propias palabras siempre estará “delante, detrás o al lado de Camps”. Hay que ser torpe. Es evidente que un tipo así no merece ser Presidente del Gobierno de este país. Zapatero, sin ser ninguna lumbrera, jamás metería la pata hasta el corvejón de una manera tan torpe. Independientemente de que en su día haya o no sentencia condenatoria, políticamente el presidente de la Comunidad Valenciana ya está sentenciado por la razón de los hechos y del sentido común. Le han regalado unos trajes carísimos y todos sabemos lo que eso significa.
Inglaterra siempre ha ido muy por delante de casi todas las democracias europeas en materia de autorregulación de sus políticos. Hoy esta vieja democracia está viciada y en fase de descomposición. Sin embargo, con estos abandonos aún asistimos a ciertos gestos de decencia, aunque sean obligados. Algo impensable en esa Italia de Berlusconi que últimamente sólo sale en los medios por sus tumultuosas y desordenadas orgías. Pagadas, por su puesto, por el erario público. Bacanales de Estado. La France de Sarcozy también está curiosa. Hace apenas unos días acaban de condenar en firme al ex alcalde de París, Jean Tiberi. Éste trucaba los censos electorales para ganar elecciones.