Cuando las barbas del vecino veas
pelar... Los holandeses ya han elegido a sus representantes en el Parlamento Europeo. Unas elecciones en las que los partidos tradicionales retroceden de forma ostensible y la
extrema derecha sube espectacularmente. El partido del xenófobo diputado de extrema derecha Geert Wilders con un 16,9% de sufragios se convierte en la segunda fuerza política del país. A ver que
nos cuentan ahora los conspicuos politólogos. Después de la victoria en las legislativas de 2008 del desaparecido Jorg Haider, nos dijeron que los austríacos no estaban maduros para ser
gobernados por los fascistas. Interpretaron aquel resultado como un simple voto de protesta. Supongo que en este caso harán una lectura parecida del voto de los holandeses. Ante todo hay que
tranquilizar a los demócratas.
Tanto en Austria como en Holanda o como en cualquier otro país miembro de la UE, la extrema derecha agita invariablemente los mismos fantasmas. Para qué cambiar mientras el resultado sea plenamente satisfactorio. Al antieuropeísmo se suma ahora el antiislamismo. De ahí que la extrema derecha y la derecha extrema metan de rondón a Turquía en este debate de las elecciones europeas. Sin embargo, estos sujetos saben pertinentemente que Turquía tardará como mínimo 10 años en entrar en la UE. Y eso después de haber cumplido las 35 condiciones que se han plasmado en la hoja de negociación.
Como se recordará el 60% de los holandeses se pronunciaron en referéndum en contra del Tratado Constitucional Europeo. Y por lo que se ve el euroescepticismo sigue avanzando.No por esperado es menos significativo el dato de participación. Apenas el 36,5% de los holandeses acudieron a las urnas. Casi un 3% menos que en 2004 y esa puede ser la tónica general el próximo domingo en toda la UE. Una responsabilidad imputable sólo y exclusivamente a los partidos políticos que no se han preocupado jamás por la pedagogía. Y como botón de muestra el bochornoso espectáculo que unos y otros nos han ofrecido en esta campaña, en la que se ha hablado de todo menos de Europa. O sea, democracia para el pueblo pero sin el pueblo.