Una parte de la siempre insaciable
jauría verde no descansó ni un solo instante hasta que acabó con José María Mendiluce. Sin duda, de lo más decente que pasó por Los Verdes españoles y sus sucedáneos. Y sobre
todo, de lo más brillante intelectualmente, con mucha diferencia. Quizá por esola mediocridad puso tanto empeño en cargárselo. Y para ello, algunos no dudaron en utilizar artillería fascistoide. Exactamente como en plena dictadura
franquista. Entonces, la Político-Social para desacreditar a un líder obrero algo revoltoso, difundía el rumor de que era “maricón”. Y en la mayoría de los casos los efectos
colaterales hacían el daño esperado. Porque desprenderse del sambenito no era un asunto de menor enjundia en aquella sociedad, en la que la testosterona era una de las señas de identidad del
régimen.
Lo injusto, es que el respetable en general y no pocos verdes en particular, se quedaran sólo con la orientación sexual de Mediluce. Todavía
queda en la red mucha porquería de aquella época. Cuando en realidad, Cohn-Bendit y Mendiluce, lo que estaban haciendo era adelantando el futuro en un lustro. Leer o releer
“Por la tercera izquierda” le vendría muy bien a más de uno. Porque después de lo ocurrido en las pasadas elecciones europeas y el debate que en algunos países se está abriendo, viene a
darles la razón. Así por ejemplo, el director de Le Monde, Eric Fottorino, en un artículo muy interesante se ha sumado al creciente coro de quienes auguran que la ecología política
“quizá sea el nuevo rostro de la izquierda de mañana”. Huelga explicar las razones. El estrepitoso fracaso de la izquierda en general y en todas sus versiones, marca el final de un ciclo.
De ahí que no pocas voces, algunas muy autorizadas, aboguen sin tapujos por una refundación de toda la izquierda y con Los Verdes como centro de gravedad. No sólo porque han
llegado al convencimiento de que de esta triple crisis – financiera, económica y ecológica - nadie va a salir ileso, sino porque el mundo ya no volverá a ser como antes. Pero además, porque hay
que (...) Reinventar la realidad, para entenderla. Renovar la democracia, para reforzarla. Recuperar la política, para ponerla en el puesto de mando. Redefinir los conceptos, para que nos
sirvan. Repensar las propuestas, para que respondan a las expectativas. Regenerar las organizaciones, para que sean instrumentos eficaces. Rediseñar el discurso, aunque sólo
sea para que se entienda. Recomponer el espacio, para ampliarlo (...). Esto es lo que querían hacer Cohn-Bendit y Mediluce, pero una parte de la jauría verde no estaba por la labor. Porque su
cainismo no soporta nada que no sea mediocridad. No es casualidad que en 20 años de existencia Los Verdes hayan sido incapaces de crear un partido medianamente decente. Y aquellos que lo han
intentado ya vemos la suerte que han corrido. (..) “Ecología y política, sí. Más que nunca. Para encontrar soluciones antes que socios” (..)