Involución, poder, dinero y sexo

Publié le par Manolo Barrero

Juan-Carlos-I.jpgEl antes y ahora Ministerio de Guerra y mal llamado de Defensa, en el año 1990 expulsó del ejército español al díscolo e indisciplinado coronel, Amadeo Martínez Inglés. A la izquierda “más progresista” le faltó tiempo para convertirlo en un icono, pero finalmente acabó satanizándolo. Su portazo en Izquierda Republicana – coligada entonces con IU - fue sonado, después de haber acusado a su líder, Isabelo Herreros, de haber metido la mano en la caja – aunque queda más fino eso de malversación de fondos públicos -  y a Julio Anguita de alcahuetar el tinglado. Lo cierto es que para la izquierda “progresista”, el coronel pasó de héroe a villano en menos que canta un gallo. El asunto acabó ante los tribunales y el tal Isabelo absuelto. Al igual que lo sería años después el propio coronel, denunciado por participar en una manifestación contra la guerra de Irak vestido con el uniforme militar. Algo que tenía prohibido desde su expulsión de nuestro ejército de defensa. También acabó en agua de borrajas su brillante actuación el día de la boda de Felipe y Letizia. Se coló en la Almudena vestido de militar y con el arma reglamentaria. Noten que nuestras fuerzas de defensa y seguridad, una vez más, han estado magníficas.

Pero lo que más me interesa y a la vez me intriga de este singular ex militar, es que nadie haya logrado hasta ahora sellarle definitivamente la boca. Y eso que lo han intentado. Su libro “El golpe que nunca existió” publicado en 2001, sobre el 23-F, debería haberlo llevado, como mínimo, al arresto domiciliario. Porque lo que cuenta es muy fuerte, que diría un joven. Ruedan por las cloacas palaciegas y cuarteleras nombres y apellidos de abolengo. Truhanes de cuello duro y buenos modales, dispuestos a meternos de nuevo en una larga noche. Sin embargo, el ex coronel se fue de rositas y siguió martillando el yunque del poder. Y, además, con más fuerza y ahínco que antes.

En febrero de 2008, publicó otro libro que, como mínimo, debería haberlo sentado en el banquillo. “Juan Carlos I, el último Borbón”. Aquí la cosa sí que es muy fuerte. La intentona golpista del 23F, la califica de “chapucera maniobra borbónica de altos vuelos”. Asegura también que el rey estuvo al tanto de la creación de los GAL, que como todo el mundo sabe tiene en su haber varios asesinatos. Y no encuentra explicación para justificar el “rápido enriquecimiento de la familia real”. Y la guinda la pone afirmando, que se han efectuado “pagos con fondos reservados de Presidencia del Gobierno y de los ministerios de Defensa e Interior para enfrentar el chantaje de determinada vedette del espectáculo español, que disponía de comprometedores vídeos sexuales con el rey Juan Carlos”.

Todo esto y más, el ex coronel se lo ha contado por escrito a los presidentes del Congreso de los Diputados y del Senado, a quienes solicita que se cree una comisión para investigar estos hechos y otros que colean desde hace muchos años, pero tengo la impresión de que nadie está por la labor. El rey es intocable y está por encima de la Ley. Como cualquier pobre diablo de este país, naturalmente.

 

Escrito de Amadeo Martínez Inglés

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