Santa Marina y el Glorioso Alzamiento Nacional
Al fin y al cabo si el apóstol desembarcó en Santiago tú, Santa Marina, bien pudiste haber hecho un alto en Orallo. Total desde Asia Menor hasta Laciana, para una santa auxiliadora y mártir, un paseo. Sea como fuere, con la aquiescencia de los autóctonos o sin ella, desde vaya usted a saber cuando Santa Marina es la patrona de mi pueblo. Venerada y honrada como se merece cada 18 de julio del calendario litúrgico cristiano que rige nuestro destino espiritual. A la que reprocho, sin embargo, que ese día de fiesta y alborozo no les haya enviado a mis antepasados una señal, una alerta sobre los planes del sedicioso general. De haber sido más diligente, quizá más de uno habría podido salvar el pellejo. Porque, al menos, en Orallo el Glorioso Alzamiento Nacional pilló a sus vecinos en pleno jolgorio. En el momento más plácido, la sobremesa. En el caso que os cuento, interrumpida por Jesús, alias el Rizoso. A él le había llegado antes que a nadie del pueblo la noticia del levantamiento en contra de la República. Los fascistas encarnaban la verdadera España y los desarrapados republicanos la anti España. Casi como hoy para los de la bandera y pulserita. Un relato que en determinados ambientes aún pervive. Jesús y Pepe, sin duda, conscientes de la gravedad de la situación se mostraron serenos y tranquilizaron al resto de comensales. La República dispone de medios más que suficientes para sofocar la intentona golpista. Es cuestión de días, máxime de semanas. El pueblo reaccionará y los sediciosos serán juzgados. No obstante, nuestra responsabilidad política y sindical requiere de nuestra presencia en “El Centro”. Lugar de reunión, debate y estudio de los obreros lacianiegos ubicado en el pueblo de Villager. Hoy pomposamente denominado centro sociocultural aunque su principal actividad sea la de un simple bar. Hasta la década de los 90 todavía eran visibles sus ruinas calcinadas. Todo un símbolo para el bando victorioso. La chusma obrera no debe olvidar jamás quien venció en la contienda. Ese 18 de julio de 1936, en “El Centro” el desconcierto y la incredulidad pronto se adueñaron de la situación. Borbotones de propuestas, desde las más realistas a las más descabelladas. Hoy, visto lo acontecido, no es aventurado afirmar que las supuestamente más descabelladas eran precisamente las más realistas. El fascismo iba en serio. Jesús, Pepe y el resto de dirigentes organizaron a los obreros como mejor pudieron y con los pocos medios de que disponían. En el mejor de los casos, una escopeta de caza o una pala de dientes, en el peor, las manos en los bolsillos. Así fueron a esa guerra que debía durar un suspiro. Y mientras tanto la buena de Santa Marina ensimismada en su jolgorio, porque contrariamente a lo que pudieran pensar, en Orallo, para la mayoría, la fiesta continuó. Para Jesús y Pepe sólo fue el comienzo de sus desventuras. Los montes de Somiedo, el Chandurrio, Sanabria, el exilio para Jesús y el fusilamiento para Pepe. Ambos eran jóvenes, probablemente algo más impetuosos que el resto y en todo caso, con una conciencia de clase y un ideal republicano del que ni el paso del tiempo ni el olvido podrá jamás despojarlos. Naturalmente, no fueron los únicos ajusticiados de Orallo, pero sí por sus responsabilidades político-sindicales los más significativos del ensañamiento fascista. Del resto hablaré en próximas entregas.
