La estrella de Zapatero
Todo parece indicar que la estrella que Zapatero lleva pegada al traserillo desde hace más de 20 años, ya no brilla con la misma intensidad. Su luz es cada día más mortecina y las encuestas comienzan a darle los primeros disgustos serios a nuestro presidente del Gobierno. Y hasta algún editorialista extranjero habla ya del “bluf Zapatero”. O sea, de ese montaje propagandístico que durante años ha hecho ver a los españoles y extranjeros, lo negro blanco y viceversa y al contrario. Y por si fuera poco, hasta el FMI que preside el compañero socialista – pero cada vez menos – Dominique Strauss-Kahn, le propina una patada en la espinilla a nuestro José Luís. Sin tapujos le dice que el próximo lustro será para España más negro que los agujeros de Hawking. Como mínimo – y esto en el mejor de los casos – hasta el 2014 no recuperaremos el nivel de riqueza que teníamos antes de la crisis. Vamos, que largo me lo fías. Y eso que hace bien poco sólo estábamos en presencia de un ligero proceso de desaceleración económica. Sin embargo, ya podemos ir haciéndonos a la idea de que más del 20% de la población activa de este país, no va a tener otra ocupación que la de cruzarse de brazos. Resulta que lo de los cinco millones de parados no era ninguna tontería.
Pero lo más llamativo es que pese a todas las advertencias, y hasta los desplantes de los Solbes y los Sevillas, Zapatero persista y firme su errática política. Obvia que sigue existiendo una enorme burbuja inmobiliaria y que la vivienda está sobrevalorada en proporciones inadmisibles, tanto para el bolsillo de los ciudadanos y para el sentido común. El descomunal endeudamiento en el que está incurriendo su Gobierno está hipotecando el futuro, como mínimo, el de la próxima generación. Del déficit exterior mejor ni hablar, porque está alcanzando proporciones vergonzosas. Y así suma y sigue.
Ni tanto que la resaca será dura y prolongada, como afirma el prestigioso historiador económico Niall Ferguson. Con este panorama no puede ser de otra manera. Ahora pagamos los efectos del crecimiento desbocado y ladrillero. Ese PIB que tanto ha exhibido Zapatero, fanfarroneando de que ya estábamos por delante de Italia y a punto de hacerles un corte de mangas a los franceses, se torna ahora como un bumeran. Sin embargo no se da por aludido. Vamos, Zapatero en estado puro. Como en sus mejores tiempos en León. Una provincia en la que mientras su partido cosechaba fracaso electoral tras fracaso electoral, él ascendía progresivamente hasta llegar al séptimo cielo en el que hoy está. Y desde donde cada día se aleja un poco más de la realidad. Y como es natural, Rajoy encantado. Aunque como no gestione bien y a tiempo el caso Gürtel, igual logra la proeza de que vuelva a brillar la estrella en el traserillo de Zapatero. Porque de la crisis saldremos los últimos y de mala manera, pero el arte de la magulla política lo dominamos como nadie.