Esto también es ecologismo
Las luces rojas del paro ya estaban encendidas desde hace algún tiempo, pero Zapatero no quería verlas ni que las viéramos, ahora el parpadeo es incesante y el ministro Corbacho se ha puesto nervioso. Por más rectificaciones que intente hacer, lo dicho dicho está y todos lo hemos entendido perfectamente. Y la impepinable realidad es que el batallón de parados rebasa ya los dos millones y medio. La euforia del presidente del Gobierno con el crecimiento del PIB ha dado paso primero, a que sus europarlamentarios votaran favorablemente la vergonzosa Directiva de Retorno y ahora, a que su ministro de trabajo endurezca aún más las medidas para que no se mueva ni dios de su país de origen. Salvo los que necesitemos, naturalmente. Las reglas del juego las marcamos nosotros que para eso somos ricos.
Ahora sería el momento de preguntarles a todos esos que se han quedado sin empleo y a todos esos otros que habían puesto todas sus esperanzas en comenzar una nueva vida en nuestro país, lo que opinan de esa ortodoxa noción tan acuñada por nuestros gobernantes de que un mayor crecimiento y en todas partes siempre es bueno. Nuestro país ha disfrutado durante la última década de un crecimiento que era la envidia, según Zapatero, de medio mundo. Sin embargo, hoy estamos con una tasa de paro superior a la de los países más desarrollados de la UE y tampoco hemos recuperado el retraso que teníamos en materia social y medioambiental. ¿A quién ha beneficiado entonces tanto crecimiento? Como siempre, a los mismos.
Si hasta hace bien poco éramos sólo los ecologistas los que denunciábamos los efectos perversos del crecimiento, cada vez son más numerosas las voces que se alzan contra lo que algunos economistas denominan “fatiga del crecimiento”. Que lejos de proporcionarnos más felicidad nos angustia. Cuando no son los muertos en accidentes de tráfico es un nuevo caso de violencia de genero, y si no el paro, la hipoteca o el índice de precios. Y hasta la Bolsa en tiempos de crisis es motivo de zozobra por habernos creído esa milonga del capital popular. Los articulistas del poder, el único que existe, están martilleándonos estos días con eso de que los consumidores están recobrando la confianza. Porque como muy bien saben, la mayor parte de la renta de los ciudadanos se destina al consumo. Y esa apetencia, que antes de la crisis era sólo cosa de los publicistas, hoy también deben crearla estos articulistas a sueldo para que el poder siga jugando con ventaja.
Se ha hablado mucho del limbo de Guantánamo, donde a diario se pisotean los derechos humanos, en Sangatte (Francia) existe otro limbo para los sin papeles, en la Italia de Berlusconi la cacería contra ellos está abierta y aquí tenemos Canarias, Ceuta, Melilla, Tarifa… aunque sólo se hable en contadas ocasiones. Este es el mundo feliz del crecimiento, cada vez más individualista e insolidario. Y el ministro Celestino Corbacho nos acaba de dar una muestra suplementaria de que el nuevo socialismo se construye a golpe de decreto y en armonía con la ideología dominante. No en vano el PP lo aplaude. Pues aunque no se lo crean esto también es ecologismo.
Foto (Reuters)