LOS VERDES AUSTRÍACOS

Publié le par Manolo Barrero

Nos explican los politólogos que el voto de los austríacos hay que interpretarlo mas en clave de desilusión que xenófoba. En todo caso, lo que sí refleja es un amplio sentimiento contra la inmigración. Y sobre todo, demuestra que los adversarios de la Unión Europea son cada vez más. La extrema derecha, gran vencedora de estas elecciones legislativas, ha basado su campaña en estos dos temas y ha cosechado unos excelentes resultados. Y otro dato inquietante. La mayoría de jóvenes que votaba por primera vez se ha inclinado por la extrema derecha. Y aunque lo hayan hecho para protestar, el resultado sigue siendo igual de inquietante. Máxime, al constatar que todas las fuerzas de corte progresista retroceden. Así por ejemplo, Los Verdes pasan del 11,5% al 9,8%. Y lo que es peor, de ser la tercera fuerza política en el Consejo Nacional, ahora ocuparán el quinto lugar. Aun así, siguen manteniendo una representación envidiable, si la comparamos con la de la mayoría de Los Verdes en el resto de Europa.

Parte de la prensa conservadora, sin minimizar el alcance del voto de los austríacos, intenta tranquilizar a los demócratas asegurando que Austria aún “no está madura para ser gobernada por el fascismo”. Desde luego en camino está. Al menos que a Jorg Haider no se le considere un fascista, claro está. Que sería igual de anacrónico que considerar a Le Pen un demócrata.  Dos personajes que han hecho de la defensa de la identidad nacional, al grito de “patriotas de todos los países, uniros” su único ideario político. Hoy se felicitan  mutuamente por el éxito obtenido.  Sin olvidar a otro singular sujeto como Andréas Mölzer, un impenitente adversario de la UE  que  sin embargo, ocupa un escaño en el Parlamento Europeo.

En cualquier caso, lo sucedido en Austria tiene que ser motivo de preocupación para cualquier demócrata.  En una Europa en plena revolución conservadora, la extrema derecha sigue progresando, mientras retrocede la vieja izquierda. Y también Los Verdes. Lo que demuestra que en época de crisis los ciudadanos están más preocupados por los cayucos que arriban a nuestras costas que por la destrucción del planeta. Para eso ya se encargan Sarkozy y Berlusconi de recordarles a diario de donde viene el peligro. Por eso quizá también Zapatero ordenó a sus eurodiputados que votaran favorablemente la Directiva de “la vergüenza”. Y por eso, sin duda, el ministro Corbacho aboga porque cada cual se quede en su país de origen. Lo hacen para protegernos de la extrema derecha, naturalmente.
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