El trueque, una patada en la espinilla al Estado

Publié le par Manolo Barrero

Con la crisis económica pendiendo sobre nuestras cabezas como una espada de Damocles, hay quien de nuevo habla ya de fenómeno mundial. Comenzó a finales de los años 90 en los EE UU y se extendió progresivamente a Alemania, Inglaterra, Países Bajos, Australia y en menor medida a Francia. Durante todos estos años de bonanza económica se fue desinflando poco a poco. Desde luego jamás alcanzó el desarrollo que sus nuevos y contemporáneos promotores habían imaginado. Me refiero a esa parte de la economía sumergida conocida como trueque. Un ex ministro de economía galo y ultraliberal como Alain Madelin le dedicó un amplio capítulo en uno de sus libros. Se preguntaba si esta práctica era legal, al mismo tiempo que le recomendaba al fisco que vigilara el tema de cerca, pues de llegar a extenderse acabaría con el Estado.  Si los intercambios de mercancías y servicios no están sometidos a una fiscalidad tampoco hay recaudación. Y si un Estado no recauda se va al traste.

Con la crisis y las nuevas tecnologías como aliadas uno se topa en la red con anuncios como estos: intercambio tres horas a la semana de clases de inglés contra seis horas de servicio doméstico a domicilio. Presto mi coche durante todo un fin de semana a cambio de que me pinten mi apartamento de 60 m2. Hay muchísimos más y de lo más variopinto. Una verdadera economía sumergida en toda regla. Y, además, simpática. De ella deberíamos hacer un arma de guerra pacifica contra banqueros, especuladores,  intermediarios y aprovechados de diversa índole. Vamos, de todos aquellos que se llevan la pasta casi sin dar un palo al agua.

Sobre esta economía alternativa, además de la que ya había, está surgiendo una literatura muy interesante, en la que se nos muestra que el dinero puede llegar a ocupar un lugar muy distinto al que ahora ocupa. En realidad de lo que se trata es de crear nuevos circuitos económicos, denominados de base. Es decir, producir e intercambiar al margen de las reglas establecidas por un modelo de sistema y adoptadas por los Estados. ¡Casi nada! Esto si que sería una de las más bellas utopías de todos los tiempos. El paso siguiente sería la creación de una banca libre. O sea, el hundimiento del sistema bancario actual. El trueque puede ser un instrumento, pero hay muchos más. Como por ejemplo, consumir menos y justo lo necesario. O sea, decrecer para ser algo más felices. Es posible.

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