El cazador cazado
Si aún fuera de este mundo, un genio como Jacques Tati nos habría deleitado con una peli sobre el cazador cazado en un país de castañuela y pandereta. Resulta que el ministro de Justicia se fue de cacería y no cayó en la cuenta de que no tenía licencia de caza. Y ahora el cazado es él. Si esto ocurriera en Japón, por ejemplo, su sustituto ya habría tomado posesión del cargo. Y si no que se lo pregunten al ministro en funciones de Economía que el otro día compareció beodo en rueda de prensa. Al día siguiente presentaba su dimisión. Como tiene que ser. Aquí sin embargo, lo más probable es que no pase nada. La oposición se pondrá las botas durante algún tiempo y los columnistas y tertulianos se forrarán durante unos días. El asunto no dará más de sí.
Ese dedo acusador del ministro Bermejo que hace bien poco apuntaba a la bancada del PP en el Parlamento hoy se torna contra él por infractor confeso. Entre sus múltiples licencias de fusilero cinegético no estaba la que le autorizaba a cazar en la Comunidad Andaluza. Eso sí, la finca en la que compartió montería con el mediático juez Garzón, era casi limítrofe con la Comunidad Castellano Manchega. Vamos, que estaba fuera de juego justo por los pelos.
El ministro no tiene excusa. Ha infringido la norma y tiene que pagar por ello. Naturalmente, como no es un ciudadano cualquiera, sino el ministro de Justicia de este país, el pago no puede limitarse a la simple sanción económica. Tiene que extenderse al ámbito público. Porque se es ministro incluso de cacería.
Bermejo ya no puede ser el referente ni el garante de esa Justicia que traía a mal traer a Montesquieu. Es cierto que entre la infracción, el delito y la pena tiene que imponerse la mesura, para evitar que la extrema justicia no se convierta en injuria. Pero no es menos cierto, que la Justicia tampoco puede acabar amparando privilegios de los más poderosos.
Como ecologista aborrezco estas prácticas, sin duda legales, pero aborrecibles. Máxime, cuando además se practican por el placer de matar. Ni Bermejo ni todos los monteros que le acompañaban ese día mataron por necesidad, sino por diversión. Lo dicho, en este país de castañuela y pandereta no pasará nada. Ni siquiera si mañana Solbes comparece beodo ante los medios de comunicación. En Japón sería bebido, aquí ligeramente indispuesto. O sea, todo es cuestión de semántica. ¡Vaya tropa!