Nuestras “ejemplares” élites (Michael y Paco)

Si la demoscopia no falla estrepitosamente, todo parece indicar que la derecha europea ganará holgadamente las elecciones del próximo día 7 de junio. En realidad, la gran vencedora de estos comicios será la abstención. Dicho de otro modo, la política será la gran derrotada. Sin embargo, ni aquí ni allende de nuestras fronteras las élites políticas entonarán un mea culpa público. Tampoco privado. En ellas todo es pureza y responsabilidad. Siguiendo así la mejor tradición del populismo. Y el hecho de que entre 6 y 7 de cada 10 europeos con derecho a voto tenga prácticamente decidido que no acudirá a las urnas, no parece inquietar lo más mínimo a nuestros próceres.
Al fin y al cabo las divergencias sobre el tratado de Lisboa es cosa de profesionales y no de la plebe. En cuanto al progreso social, eso es cosa de todos. Ni una sola formación política nos dirá que no protegerá los servicios públicos, o que no va a crear empleo, o bajar los impuestos y subir las pensiones. En definitiva, que todos sin excepción se presentan a estas elecciones para transformar la sociedad y mejorar nuestras condiciones de vida. El problema es que entre 6 y 7 de esos 10 ciudadanos con derecho a voto que tienen en sus manos la llave del Parlamento Europeo, dicen que el asunto no va con ellos. Que pase lo que pase todo va a seguir igual. La debilidad estructural de las clases sociales más desfavorecidas puede explicar este fenómeno. Que por otra parte de nuevo no tiene nada. Pues está empíricamente demostrado que las actitudes e inquietudes de las clases menos favorecidas económica y culturalmente, sólo tienen en común con el resto la aceptación de la sociedad de consumo. Y naturalmente, todos los aspectos más negativos que de esta situación se derivan. Como el individualismo. A nadie se le escapa que vivimos una época muy poco solidaria. De esta responsabilidad no podemos exonerar a los partidos políticos. En modo alguno. Ellos son en último extremo los responsables de esta desafección ciudadana por lo público.